La única cosa realmente valiosa es la intuición

La Voz del Silencio

Cuanto más avances, tantos más lazos encontrarán tus pies. El sendero que a la meta conduce está iluminado por una luz única, la luz del arrojo, que arde en el corazón. Cuanto más osa uno, tanto más obtendrá. Cuanto más teme, tanto más palidecerá aquella luz, la única que puede guiarle.”

 

Helena P. Blavatsky – La Voz del Silencio

secret doctrine

 

No hay palabras para describir una vida como la de Madame Blavatsky. Trajo luz al mundo, nos alumbró para encontrar lo divino que hay en cada uno de nosotros.

Se podría sintetizar toda su obra en el símbolo de una copa con una flor. La doctrina de Madame Blavatsky es la doctrina del Buda, suprema doctrina que alivia el alma y nos hace comprender el porqué estamos aquí, en este planeta, cumpliendo el destino que estamos cumpliendo. La copa con la flor simboliza la vida del hombre cuando ha llegado a la máxima perfección y ha logrado unirse al Uno, es decir, que es capaz de hacerse luz y se integra a aquello de lo que nada puede decirse, porque ignoramos cómo es. Por eso habló tanto Madame Blavatsky del loto. Toda la enseñanza que hemos recibido a través de la doctrina secreta, en torno al loto, justamente es porque es la flor la que es capaz de tener la raíz en la tierra como nosotros los pies en la tierra, atravesar con sus tallos el agua, el campo de lo astral, el mundo engañoso de las formas efímeras que perecen, que no son eternas, para encontrar el alma divina, centrada en la flor de loto, que es la que tiene la capacidad de reproducir en su semilla la planta entera, es decir, la totalidad del origen de donde proviene, y hacerse luz, que ese es el término final de todas las almas. Vale decir que la copa con el agua es el símbolo de la personalidad, del yo inferior, del yo que perece, y que dejamos cuando ya este cuerpo no nos sirve. Este yo efímero se pierde en la primera vestidura a través de lo físico, y al poco tiempo se desintegra totalmente perdiéndose en el mundo astral del agua, el equivalente cósmico del astral es el agua. El loto simboliza el alma del hombre, la tríada superior, el alma eterna, eso que tiene enganchado en sí o guardado en sí los átomos simientes, los átomos permanentes, que son los que llevan al recuerdo de la eternidad de las vidas que han pasado y que hemos ido enganchando en cada una de las vidas que hemos vivido. Todo esto, en el momento que ella habló de estas cosas, pudo parecer fantasioso o quizás no admisible. En este momento es tan claro y tan sencillo que nada parece fantasía dado que el avance de la ciencia nos ha llevado a un mundo donde nada es imposible. De modo que indudablemente si el hombre fue capaz de concebir las cosas que ha concebido, lógico es que dentro de él esté el milagro del reflejo que tiene por reflejo la presencia del origen de donde proviene, origen que no descubrimos fácilmente, sino que hay que vivir las vidas y muchas vidas, para poder llegar a ese plano, y cuando lleguemos a hacernos luz evidentemente ya de las vidas no tendremos más noticias porque, indudablemente, lo que ha perdurado es simplemente la individualidad, el yo superior, el alma divina, de cualquiera de estas maneras se le puede llamar; ya no tiene vidas físicas sino que vive nada más que a través de esas vidas sutiles, que terminan sutilizando totalmente yhaciéndose la llama que volverá a integrarse en la Gran Llama, en aquel punto que es el centro de origen de donde todo proviene, de aquello de lo que nada puede decirse pero que se inicia con una llama y cuando el alma es capaz de tornarse llama se integra al Uno y ya no tiene su experiencia facultiva. Todo esto está muy lejos de nosotros, pues si fuéramos capaces de vivir semejante proceso como el de la flor de loto, no estaríamos aquí en cuerpo físico.

Hablar de la vida de esta mujer extraordinaria es realmente una tarea terriblemente compleja y difícil. Al revisar y analizar sus andanzas, apabulla lo que esta mujer ha tenido que andar, porque si bien los viajes son hermosos, cansan y más aún con una humanidad como la de ella que nació enferma y enferma fue toda su vida.

Nació un 12 de agosto, ya casi en el filo de la medianoche para empezar el 13 de agosto. El 12 de agosto equivale en el calendario ruso al 30 de julio. Este día en el calendario ruso y en toda la estructura folclórica o teogónica rusa tiene un significado muy especial, equivale a la noche de San Juan para los celtas druidas, es decir, la noche de gran significado esotérico, fecha que equivale a la llegada del equinoccio para el calendario ruso. Nació esa noche esta mujer, sietemesina, enferma con una serie de trastornos, débil, que produjo en su familia una serie de cuidados y de vigilancias las cuales hicieron que sobre ella se dejara la más absoluta libertad, se la dejara hacer.

En cierta ocasión se le hizo un homenaje, luego de fallecida, se presentó Madame Blavatsky ante Leadbetter y le dijo que no se conmemorara el día del nacimiento sino solamente el día de su muerte.

Cuando ella era pequeña, al ser bautizada, se le incendiaron las ropas al pope y se produce un incendio en la iglesia. Indudablemente con un ser como Madame Blavatsky sucederían cosas extraordinarias desde el momento de su nacimiento y bautismo. Los bautismos en Rusia se hacen con gran pompa y concurren cantidades de gente con sus familiares, todos muy bien vestidos y alhajados. Desde luego, concurrieron también niños. Existe la costumbre de que cada niño sostiene en su mano un cirio encendido. Una niña asistente al bautismo, se cansó de sostener en sus manos el cirio encendido y se sentó en el suelo, justo al lado de las polleras del cura. Fue de esa forma que se produjo el referido incendio.

Fue una niña muy precoz a la cual le sucedieron cosas extraordinarias. Cuando su madre muere, ella tenía once años. La madre dijo en el momento de su muerte: “Prefiero morir para no ver lo que a esta hija le va a ocurrir, porque la vida de ella como mujer no va a ser la de las mujeres cualquiera, va a ser una vida distinta, por la que va a tener que sufrir mucho”. Evidentemente, estas palabras tendrían carácter profético.

La madre de Madame Blavatsky era una mujer de gran jerarquía intelectual. Se la solía llamar la “George Sand” rusa. Escribió varias novelas. Era descendiente de los zares. Su padre era coronel y pertenecía a la nobleza prusiana. Ambas familias nobles y con una vida muy desahogada.

Durante su niñez, su familia concurría a una granja donde pasaban los veranos. Ella se escapaba al desván, un lugar abandonado, con trastos viejos. Se encerraba allí y no dejaba entrar a nadie, porque decía que se iba “al salón de la libertad” y allí se dedicaba a leer nada menos que las Clavículas de Salomón. Es obvio que una niña que a los doce años realizaba tales actividades, venía preparada de anteriores encarnaciones. Hay datos no comprobados que indican que ella habría sido la encarnación del hermano Joseph, un hermano que trabajó con el Conde Saint Germain, en el siglo XVII, al final, y a comienzos del XVIII, en la fundación de ciertas logias masónicas y de sociedades secretas.

Es interesante saber que ella ya de muy pequeña tenía un don de persuasión extraordinario. Su poder sugestivo era tan inmenso que reunía a los demás niños de los alrededores que venían a jugar con ella, y los hacía vivir aventuras fabulosas. Incluso les decía: “Ahora viene una ola inmensa que avanza sobre las playas y nos cubre a todos….” y se ponía en cierto estado, haciendo desesperar a los demás niños, que sentían que el agua estaba encima de ellos. Podía entonces manejar ciertas fuerzas sutiles y otras la manejaban a ella, ya que se sabe que durante su infancia crujían los muebles, pasaban cosas extrañas, hechos inusitados, a los cuales su familia acabó por acostumbrarse.

Como ya dijimos, perdió su madre a los once años. Quien estaba muy cerca de ella entonces, cuando estaba en el hogar, era el padre, a pesar de estar muchas veces ausente por su trabajo militar. El padre la comprendía muy bien y de él era de quien Madame Blavatsky soportaba solamente la vigilancia y la injerencia en sus cosas, pues el espíritu del padre era muy afin con el de ella. Era un volteriano, es decir, un libre pensador que se había tornado al espiritismo. De modo que con el padre sentía ella una gran conexión. A raíz de esto y por una serie de altibajos en su salud, el padre resuelve llevarla en el año 1845 a Francia e Inglaterra. No sucede nada extraordinario en este viaje. Retorna y en el año 1848, tres años después, por un altercado con una mucama, ya que era muy terrible con todos, le dijo la mucama: “Eres una mujer tan terrible que nunca nadie se va a casar contigo, ni siquiera ese viejo del que tanto te burlas”. Se refería a Niséforo Blavatsky, un hombre ya cercano a los sesenta años. No se sabe qué sucedió pero antes de los ocho días este hombre pedía su mano y en pocos días se casaron. Dijo su tía luego que en el momento de la consagración matrimonial, ella comentó por lo bajo: “Nunca le haré caso”. Y efectivamente, a los pocos días, se fue de la casa de su marido a caballo y nunca el esposo pudo hacer vida conyugal con ella, pues hay testimonios médicos que constatan que era una mujer que no tenía posibilidades de vida sexual, con una frigidez uterina imposible de vencer. Tampoco ella nunca hizo nada por vencerla. De modo que ante la posibilidad de consumar el matrimonio, desapareció. Se fue a caballo a la casa de unos parientes en Constantinopla.

De allí la vuelven a retornar al hogar. Pero ella no quería quedarse por miedo a que el marido le exigiera volver a la casa. Entonces el padre resuelve llevarla nuevamente a Inglaterra. Ya entonces tiene ella veinte años y un doce de agosto, estando con su padre en el Hyde Park de Londres, al borde del arroyo que hace una vuelta como una serpentina, vio venir tres hindúes entre los cuales reconoció al ser que siempre veía de niña. Decía ella desde niña que tenía un protector que cuando corría algún peligro, la salvaba y que tenía un turbante. Al reconocerlo, se abalanza a correr hacia él, pero él le hace señas de que se detenga. Al día siguiente volvió sola al mismo lugar donde había tenido el encuentro y al estar sentada nuevamente al borde del lago aparece su Maestro y le propone si quiere tener una vida dedicada a hacerle bien a la Humanidad, pero con mucho dolor y mucho sacrificio, teniendo que abandonarlo todo e irse. Consulta ella con su padre y al cabo de tres o cuatro días acepta y decide la situación. Ella empieza a buscar a su Maestro y en esta búsqueda solicita ayuda a su padre. En ese mismo año, 1851 viaja entonces a Egipto. Allí encuentra a un maestro copto que le va a enseñar cuestiones mágicas. Este maestro copto tiene una gran influencia sobre Blavatsky pues cada vez que ella emprenda un viaje, tratará de acercarse a donde él vive.

Se reúne luego con otras personas e intenta llegar al Tibet. Pero al Tibet se llega cuando se debe llegar y ella todavía no estaba en el momento justo. Su intento fue vano y tuvo que regresar.

Entre 1853 y 1858 vuelve a Europa, no regresa a su hogar. Visita Inglaterra y viaja a Nueva York. Cuando estaba en Inglaterra estaba por estallar la Guerra de Crimea y ella era muy rusa y estar en esta guerra significaba estar entre Inglaterra y Rusia. Recibe entonces una herencia de una tía de 80.000 rublos que le permiten intentar nuevamente entrar al Tibet. Esta etapa es muy confusa ya que no hay datos suficientes. Se cree que llegó al Tibet aunque ella luego no comentara nada al respecto.

Hacían ya diez años que había partido del hogar, cuando una noche de Navidad de 1858 en que su familia está reunida festejando el matrimonio de un pariente, en el momento de los brindis, aparece en su casa. Esto fue relatado por su hermana, Vera, a quien se le deben muchos datos de la vida de Blavatsky. Llega a su hogar pero llega muy enferma y es sometida entonces a una serie de tratamientos. Su cuerpo físico está desgastado por la producción de fenómenos en los que se complacía realmente, pero que significaban una pérdida terrible de vitalidad. Llaman a un médico y en el momento que el médico la atiende, la encuentra una herida en su pecho. En esa herida va él a colocarle un remedio y en ese momento, se presenta solamente una mano morena que empieza a hacerle pases desde el cuello hasta la cintura. Fue tal el terror del médico que pidió a los gritos que no lo dejasen solo con esa enferma. Indudablemente la mano morena no es otra que la de un Chela que su Maestro le ponía siempre para vigilarla.

Se queda un tiempo con su familia, unos dos años y luego parte a Canadá y recorre todas las Américas. Indudablemente hace un recorrido por todos los centros iniciáticos de América. Entra en contacto con la cultura maya, con la cultura incaica y hasta con los restos lemures que quedan en las islas de Pascua. Y allí se embarca para la India.

Tiene un tercer encuentro con su familia, donde también está muy mal físicamente. El médico que la atiende aconseja llevarla a Tiflis, porque parece ser que allí había un centro con médicos especializados para tratar su enfermedad. Pero para llevarla se hacía necesario transportarla en una barca. Estaba tan mal que los criados que fueron con ella la pusieron en el fondo de la barca y la transportaron a remo. Ocurrió que las sirvientas que viajaban con ella la abandonan asustadas pues la primer noche que pasaron a su lado, la vieron flotar, es decir, su cuerpo físico en el fondo de la barca y sus cuerpos sutiles escapaban a una especie de monte que había en las cercanías. Gracias al botero, que permaneció a su lado, y al Chela, logra llegar a Tiflis. Es indudable que en este momento sucede un gran proceso de transformación en Blavatsky, pues aparece en unas memorias recogidas por Olcott, lo siguiente: “A partir de ese momento, dejé yo de ser dominada por fuerzas que no deseaba y me he convertido yo en dominadora de esas fuerzas”. Vale decir que ella iba a ser la que iba a producir los fenómenos a voluntad y no que los fenómenos vinieran a tomarla a ella para producirse. Dice también acerca de ese momento: “Desde ahora jamás estaré sujeta a influencias externas. Mi debilidad psicofísica ha desaparecido para no retornar más. Estoy limpia y purificada de aquella atracción hacia mí que experimentaban los ambulantes cascarones y afinidades etéreas. Soy libre, libre, gracias a aquellos a quienes ahora bendigo y bendigo a cada hora de mi vida”.

Otra etapa muy interesante es la que va de 1867 a 1870. En 1867 hace Blavatsky un tercer viaje al Tibet, pero antes, al recobrar su salud física, deja su familia en Rusia y viaja a Italia. Como era un paladín de la libertad, se úne a los ejércitos de Garibaldi y lucha en Mentana. De ahí que tuviera una herida en el hombro, una bala en el otro y quebrado el brazo en dos lados de un sablazo. La batalla de Mentana fue en setiembre de 1867 y en el mes de noviembre ya está camino del Tibet. Permanece allí hasta 1870, si bien no hace comentarios de sus procesos en esos momentos. Su familia está inquieta pues van ya tres años que no tienen noticias de ella. Estaban una noche reunidos y ya la daban por muerta. Dice su hermana Vera: “Súbitamente, sin saberlo cómo, en la sala donde estábamos hablando de ella, se presenta un personaje asiático con una carta”. Entrega la carta y de la misma manera que apareció, desaparece. La carta decía así: “Antes de que se levanten veintiún lunas nuevas, vuestra hermana estará en casa. Está sana y salva, protegida física y espiritualmente por sus maestros”. La carta estaba firmada por Koutoumi. Evidentemente, retornó en julio de 1872. Del Tibet salió antes, pero viajó por Siria, por centros iniciáticos, y luego volvió a Egipto para estar un tiempo con su maestro copto.

Vuelve al hogar pero permanece muy poco tiempo allí, dos o tres meses. Decide viajar a París a la casa de unos parientes. Estaba muy contenta allí porque encuentra un núcleo de gente que la apoya, le pide fenomenismo, le solicitan que haga sonar campanitas astrales, que haga prodigios. Ella se encuentra realmente feliz entonces, rodeada de gente culta que sigue la corriente de sus ideas. Pero a los tres meses de estar allí, recibe orden de viajar a Nueva York. No sabe porqué, ya que recibe las órdenes pero no las razones.

Decide viajar entonces a Nueva York, pero se encontraba sin dinero, ya que ella dilapidaba mucho y luego se quedaba sin él. Tenía lo justo para sacar el pasaje. En el momento en que va a sacar su pasaje se encuentra con una pobre mujer desesperada que tenía que encontrar a su esposo en Nueva York, pero a quien un sujeto había vendido engañosamente un pasaje falso, para ella y sus hijos. Blavatsky quería ayudarla pero no tenía dinero. Trata de convencer al agente de viajes, pero no tuvo suerte. Entonces, pide que cambien su billete de primera clase por uno de clase inmigrante, con la condición de dejar viajar a la mujer y los niños, a cambio de su pasaje de primera.

Llega a Nueva York, sin dinero. Entonces tiene que trabajar. Hace corbatas, flores, chucherías. Está casi más de un año en esta condición. Tenía allí que cumplir con varias cosas muy importantes. Tenía que conocer a Olcott, que va a jugar un papel muy importante en la vida de ella y en toda la obra de la Doctrina Secreta así como en la fundación de la Sociedad Teosófica. Tiene Blavatsky como misión fundamental aprovechar la corriente espiritista imperante en los Estados Unidos y desviarla al verdadero espiritualismo. Tenía también que escribir “Isis”. Todas estas eran las razones para viajar a Nueva York.

La llegada a Nueva York fue muy difícil por sus carencias económicas. Se presentó en la embajada de Rusia y pide al representante diplomático que le adelanten algo de dinero. Le escribe a su padre mediante un telegrama para que le haga llegar dinero. Esto era en 1873 y el dinero llega recién en octubre de 1874, a raíz de la muerte de su padre, como herencia paterna. Pero en todo ese lapso, como ya se dijo, tuvo que trabajar para vivir.

En esos tiempos se publicaba mucho en los diarios neoyorquinos los fenómenos espiritistas que se producían en la granja de los Eddie, en un lugar cercano a Vermont. Del diario habían enviado una persona a recoger información y realizar dibujos de los fantasmas que se aparecían en dicha granja. Ella lee el diario y se apasiona, resolviendo ir a conocer el lugar. Los diarios se agotaban entonces, llegando a costar mucho más a la tarde, a raíz del interés que despertaba el espiritismo.

Es entonces que Blavatsky conoce a Olcott. Estaba Olcott instalado en la granja de los Eddie desde hacía unas cuantas semanas. Eran estas personas gentes sin cultura, campesinos y había en todo esto algo de tramoya. Se reunía allí mucha gente a la que atendía y daban de comer. Uno de los dueños de la granja cocinaba para todos mientras que el otro estaba escondido y era quien producía los fenómenos. Ella llega allí con una amiga y se sientan en una mesa a la hora de almorzar. Momentos después entra el periodista acompañado con otra persona a la que comenta: “Mire que personaje más chuco hay ahí sentado”. Se refería a Blavatsky que estaba allí, grande como era, con su cabeza garibaldina con la que había luchado en Mentana, con camisa roja, y el cabello largo, crespo, hasta los hombros. Diría Olcott luego: “Indudablemente aquella camisa roja, en aquel ambiente sombrío y de fantasmas, producía un choque que llamaba inmediatamente la atención”. Trata él de conectarse con ella en el momento en que Blavatsky iba a encender un cigarrillo, le acerca un fósforo. Ya en ese instante inician una conversación y le comenta ella que vino a ver los fenómenos pero que había algo que realmente la resistía un poco por dentro y que no quería encontrarse con el periodista que escribe para el diario, ya que no quisiera figurar para nada. Entonces Olcott le dice: “bueno, el periodista al que usted trata de evadir, soy yo pero no tema que en las publicaciones del diario no va a salir nada de su persona”. Indudablemente, desde el día que Madame Blavatsky llegó a la granja los fantasmas empezaron a cambiar de carácter. En vez de ser de pieles rojas o de campesinos que daban mensajes a los que allí concurrían, aparecía un día un ruso, otro un libanés, otro día un egipcio. Entonces todo el asunto de los Eddie empezó a crecer. Le confesó más tarde a Olcott que la que producía esos fenómenos era ella, pero lo hacía para poder afirmar a la gente la creencia de otro plano de cosas, para poder luego entrar en explicaciones que llevaran a percibir el otro mundo, el verdadero, el que es eterno, el del alma del hombre. No el de la astralidad, sino el de la individualidad divina.

Inmediatamente comenzaron los diarios a hacer comentarios sobre estos nuevos fenómenos que seguían produciéndose en la granja y ella tercia en la discusión periodística y hace unos artículos brillantes, llenos de humor , que todos los diarios ansiaban tener sus publicaciones. Dice Olcott: “Andando el tiempo, aprendí que H.P.B. era la fiel servidora de los Maestros y aunque su temperamento particular y su idiosincrasia la hiciesen harto antipática para algunos, impidiéndole trabajar con ella, cosas que parecerá menos extraña si se tiene en cuenta que cada individuo adepto o laico evoluciona según un rayo determinado del Logos, encontrándose en simpatía con cuantas almas dependen de ese rayo y acaso en antagonismo, en el plano físico, con las adscriptas a rayos diferentes. Es lo que puede llamarse una simpatía magnética, áurica o psíquica, o antipatía. Sea lo que fuere, había Maestros que no podían trabajar con ella. En cambio otros la utilizaban y muy bien. No olvidar que el verdadero Maestro es nuestra alma inmortal, la divina tríada que hay en cada uno de nosotros”.

A raíz de esto, la amistad con Olcott se hace entrañable. Son verdaderos camaradas que comparten todas las horas y todos los hechos. A poco de este asunto de la granja de los Eddie, se instala Madame Blavatsky en Nueva York y hace una reunión donde un egipcio viene a hablar de kábala y Tarot. Invitan a un total de diecisiete personas. Esto sucedió el siete de setiembre de 1875. Allí está el germen de la Sociedad Teosófica. En esta reunión se resuelve formar una sociedad para estudiar los planos más elevados del espíritu. La concretan ya en forma para el 17 de noviembre. Probablemente Blavatsky eligiera a propósito el número de 17 personas, ya que se le daba un valor enorme al número. El número, la forma, son cosas que están totalmente interligadas. Los valores numéricos tienen un efecto real sobre los hechos.

En esta época empieza Madame Blavatsky a escribir “Isis” y un día Olcott, que la estaba acompañando hasta las 2 ó 3 de la mañana, le dice: “Estoy con una sed tremenda. Con qué gusto me comería un racimo de uvas, pero a esta hora el negocio de la esquina está cerrado”. Un instante después, colgado de la biblioteca, en los tirantes de dos cajones, aparece en cada uno un hermoso racimo de uvas. Estas eran las materializaciones de Madame Blavatsky. Cuenta Olcott que a los pocos días notan que en la c asa faltan servilletas. Entonces ella le dice: “Bueno, ve a comprar servilletas”. Y él trae unas servilletas que hay que cortarlas y están un poco deshilachadas. Ella se pone a coserlas y las cose muy mal. Y él le dice: “Bueno, a lo mejor yo las hacía mejor”. Contestó ella: “Mira, acá en este instante se presenta uno que dice que las va a hacer él. Vamos a juntarlas todas”. Las junta todas y se las hace poner a Olcott en un cajón de la biblioteca. Siguieron conversando y al rato le dice: “Bueno, avisa que ya terminó. Ve a buscar las servilletas”. Olcott saca las servilletas y están todas dobladilladas. Claro que horriblemente dobladilladas. Explicando estos hechos que para nosotros son inauditos, pero que evidentemente son reales, a pesar de que no podemos percibirlos con la precariedad de nuestros cinco sentidos, dice Olcott: “Quien domine el mecanismo de las construcciones interatómicas, puede dar en un momento determinado nuevas posiciones a tales iones y a tales electrones”. Hablar así ahora no nos parece nada extraordinario, cuando gracias a Einstein y sus posteriores descubrimientos sabemos que la materia no es materia, sino que es un mundo de electrones, de centros atómicos, de protones, electrones, neutrones, neutrinos, etc. que giran en torno a órbitas como gira el sistema planetario en torno al sol. No era igual en la época de Blavatsky. Dice también Olcott: “He aquí la imagen que voy a hacer de Madame Blavatsky, una verdadera mujer en carne y hueso, muy masculina, viviendo como todo el mundo cuando está despierta, pero pasando en un sueño de uno a otro mundo, y viviendo adormecida en el estado de trance clarividente con seres superiores, en un cuerpo debilitado de mujer, una personalidad en la que el mayor tiempo se desarrollaba un ciclón vital, para citar las palabras de un Maestro, tan desigual, cambiante, caprichosa, violenta que era, se precisaba heroísmo y paciencia y dominio de uno mismo al que quería vivir con ella y trabajar en común con un objeto humanitario”. Aquí se está retratando a sí mismo. “Los fenómenos de que he sido testigo, las pruebas numerosas y variadas que ella ha dado de la existencia detrás de ella de los Maestros, de los que ella no se sentía digna de besar sus zapatos, y la transformación en que la mujer exasperada y agitada se convirtió en una escritora y una maestra llena de sabiduría y una bienhechora de todos los investigadores del alma humana, todo ello se aúna con los libreos para probar su excepcional grandeza y hacer olvidar sus excentricidades, aún para los que las han soportado. Al mostrarnos la vía nos ha prestado un servicio tal que es imposible experimentar por ello otra cosa que la más profunda gratitud”.

En una ocasión estaba Madame Blavatsky con Olcott en casa de unos amigos, y estos amigos habían recibido una invitación para ir a ver unas cuestiones de espiritismo. Ella no quiso ir y se quedó con el dueño de casa y la esposa de este se fue con Olcott a la sesión de espiritismo. Llegaron cuando ya se había acabado pero les hicieron una sesión especial para ellos y entonces el espíritu que se presentó materializa un capullo de rosa y se lo ofrece a la dueña de casa, diciendo: “Esto es para Madame Blavatsky”. Al volver a la casa, le ofrecen a Madame Blavatsky la flor. Ella la sostiene en la mano y unos instantes después el dueño de casa se la pide para sentirle el perfume. Cuando va a olerla, dice: “Pero qué cosa tan extraña, qué flor, cómo pesa tanto esta flor”. Madame Blavatsky le contesta: “Cuidado, tenga cuidado con la flor, trátela bien”. La dueña de casa aduce: “Pero si pesa y no pesaba sino lo natural de una flor”. Entonces Olcott la toma y resuelve ver qué hay adentro. Y saca un anillo de oro, un aro de oro. Madame Blavatsky tenía unas llaves en la mano y dijo: “El metal es necesario para la materialización, porque después se hace la conversión, que es de carácter totalmente alquímico”. Y materializó un anillo de oro que lo acompañó a Olcott toda su vida.

Siempre le investigaban a Madame Blavatsky cómo hacía ella para comunicarse con los Maestros. Sobre todo era objeto de preguntas por parte de S y de Hume, el filósofo alemán, que tenía la mayor curiosidad y que estuvo en comunicación epistolar con los Maestros. Ella respondía que las comunicaciones se hacían a través de ella, porque se necesitaba a alguien que precipitara la carta para materializarla y entregársela al destinatario. Llegó un momento en que S quería ser él quien fuera capaz de recibir directamente la comunicación y hacer la materialización. El Maestro Koutoumi, en la Carta 2, le dice: “El adepto es una rara florescencia que no nace, se hace. No es hijo de privilegios, es hijo de la labor del alma de cada ser”. Vale decir que para ser adepto, no se nace, se llega a través de la vivencia de muchas existencias, buscando la Tríada superior, el Alma Divina que llevamos cada uno de nosotros. Lo que trató de decir es que no se llega por pretensiones, ni por creer que podría llegar a través de un toque mágico. Se llega nada más que por el esfuerzo personal de cada ser, que debemos de enhebrar en muchas vidas para que pueda hacerse algo efectivo y real.

En una oportunidad, estaba Blavatsky con la condesa y ésta le pide que le aclare una idea que no entendió bien y HPB le contesta: “Bueno, tome un papel y póngasela al pie del Maestro. Si el Maestro mismo se lo quiere contestar, usted va a encontrar la contestación”. Instantes después en el papel aparece la letra con la respuesta. ¿Cómo hace esto? Ella dice, al respecto: “Empleo dos procedimientos. Pongo un sobre cerrado sobre mi frente en caso que el idioma en que está escrito el pliego me es conocido. Así el contenido de este, reflejado por mi cerebro, es llevado hasta El por la corriente misma que de El emana. Si está redactado en lengua que me es desconocida, tengo que abrir el sobre, leer físicamente el pliego con mis ojos y aunque ignore el significado de las palabras, aquello que ven mis ojos es llevado a la percepción del Maestro, reflejándose en su propia lengua, después de lo cual, para prevenirse contra cualquier error, debo quemar la carta con una piedra de encender que poseo, pues el fuego común no debe emplearse. Las cenizas arrebatadas en átomos, más que impalpables por aquella corriente, son luego materializados de nuevo por el Maestro, sea cual sea la distancia a la que él se encuentra”.

Es interesante ver que en el tomo quinto de la edición de “El Dogma y Ritual de Alta Magia” que estaba muy de moda en Nueva York en 1870, Eliphas Levi dice: “Tiene que aparecer una organización que se dedique a la Fraternidad Universal. Se ha de fundar un nuevo Reino Universal por quien tuviera en sus manos las llaves del Oriente y que acaecería en la nación que tuviera más vida y más inteligente actividad”. El anunciaba que esto sucedería para 1879 pero Madame Blavatsky se le adelantó en cuatro años.. Es en ese mismo verano, en noviembre de 1875, enseguida de fundada la Sociedad Teosófica, que Madame Blavatsky le dice a Olcott: “Acá tengo un manojo de hojas que anoche me dictó el Maestro. Yo ni sé para qué son. No sé si son para hacer un artículo, si son para hacer un periódico, si son para hacer un libro o si no son para hacer nada. No lo entiendo, pero sé que tengo que seguirlas”. Al poco tiempo comprende y escribe “Isis”. La inicia en esa época, porque de hecho el trabajo serio de “Isis” lo comienza ya en el año 1876 y se publica en 1877.

Ya en 1877, casi entrando en 1878, la labor de Blavatsky en Nueva York estaba cumplida. Le llega la orden de viajar a la India y allí le hacen un recibimiento fabuloso y fundan con Olcott en la India la Sociedad Teosófica de India. De esa, luego de dos o tres años, se hace gran difusión y fundación de escuelas budistas a fin de contrarrestar el efecto de las escuelas de los misioneros.

Se establece en Bombay, en una casa que le llaman Casa de los Cocoteros. Desde allí hace una serie de viajes pero su salud está destrozada. Se habían reunido varias personas de la Sociedad Teosófica y deciden viajar a Pero allí solamente tenía que llegar ella. Por eso, al embarcarse en el tren, ni habían cargado la valija de Madame Blavatsky, al subir ella al ferrocarril, este avanza, sin pitar, sin tocar campanilla y sin ser la hora y dejando en el anden a todos los demás. Esto permitió que llegara ella sola a y estuviera tres días con sus Maestros, sola. Y ahí sufre la segunda curación. Dice luego: “El tren en cierta estación arranca antes de la hora y sin señal, y puedo llegar al lugar de los Maestros sola, y estar allí dos días y se encargan de calafatearme. Oh, los benditos días! Fue igual que en los primeros días cuando me visitó el Oso. La misma choza de madera. Un cajón dividido en tres compartimientos para tres habitaciones. Levantada en la selva sobre cuatro patas de pelícano. Los chelas vestidos de amarillo deslizándose en silencio. El eterno burbujeo, el “gul-gul” del Narguile de mi patrón, la siempre familiar y dulce voz de Koutoumi, ahora más dulce y su rostro es aún más delgado y transparente. El mismo ambiente en muebles, pieles, almohadas rellenas con colas de yac, vajilla para el té salado, etc.” Y dice Koutoumi: “Retorna remendada por un tiempo pero no curada”. Fue esta entonces la segunda curación hecha por los Maestros.

En ese lapso escribe ella ese libro prodigioso que revela una escritora y novelista extraordinaria, que es “Por grutas y selvas del Indostán”. Es un libro novelado, escrito para los diarios rusos, pero que está cargado de enseñanza esotérica. Al que lo sepa leer, sacará de allí enorme cantidad de conocimiento esotérico. Hay procesos y relatos que son realmente notables. En ciertas etapas de dificultad la acompaña su Maestro y desde luego cuando está él presente, pasan cosas extraordinarias.

Ya entonces funda “El Teosofista”, ella es presidenta de la sociedad junto con Olcott y después sale “Lucifer” en India, pero allí ya se crean una serie de problemas con la Sociedad anglo-india que no la acepta y la resiste porque está todo minado por el efecto clerical. La acusan de espía, dicen que está haciendo espionaje ruso y la rechazan e indudablemente ella se salva, por pura casualidad, o causalidad. El virrey era Lipton, hijo del autor de “Zanoli” y cuando él es consultado acerca de Blavatsky dice: “Sólo conozco una persona que en ciencias abstractas pueda parangonarse con mi padre y esa es Madame Blavatsky”. Después de esta aseveración, se tuvieron que acallar. Pero las sierpres siguieron su labor.

Luego de la curación recibe la orden de volver a Europa. Ella se desespera porque deseaba morirse en la India y dice: “Yo quería morir en India y que quemaran hasta la última gota de grasa cosaca en la pira funeraria, como si fuera viuda del malabar”. Porque a las viudas las queman en la India. Vuelve a París. Allí encuentran un grupo de personas que la adoran. Primero toca Marsella, se va a Niza a la casa de los Duques de Pommar, después viaja a París. Allí va a la casa de los duques de Adhemar que tienen una casa de verano, de reposo en un lugar cercano a París. Cuando están viajando hacia allí en el auto, con otras cuatro personas, la ven en estado ensimismado, porque cada vez que ella va a hacer una materialización o un trabajo en el otro plano, entra como en un estado de somnoliencia, pues desde luego abandona su cuerpo físico y hace el desplazamiento. La ven ensimismada de esa forma y las amigas que van con ella respetan ese silencio porque piensan que está descansando o está elaborando. Y en cierto momento le dicen: “¿Qué le pasa?” Y ella contesta: “Es que estoy oyendo la ópera de Guillermo Tell que es una de mis preferidas”. A la duquesa le llama la atención, porque registra la hora y dice: “Pero no puede ser porque a esta hora los teatros no están funcionando”. Le queda la curiosidad y cuando retornan a París averigua dónde se podía estar ejecutando Guillermo Tell a esa hora y en ese día. Y efectivamente, lo estaban ejecutando en los Campos Elíseos, a la misma hora que ella lo estaba escuchando.

En esta época empiezan a confabular en su contra. En París ella está muy bien pero siguen trabajando la Sociedad de Investigaciones Psíquicas de Londres. Mandan a Hudson a la India y allá queda un matrimonio que Blavatsky protegió inmensamente y que le hacen traición. Incluso llegan a decir que todos los fenómenos que ella producía eran falsos y el esposo, que era carpintero, fabrican en los muebles de Blavatsky cajones falsos, para hacer ver cómo hacia ella las artilugias y los engaños. Toda esta información la recibe el movimiento clerical en la India. Esto agregado a la Sociedad de Investigaciones Psíquicas que realizan un informe de trescientas páginas donde la declaran traidora y espía rusa y sin derecho alguno a defensa.

Antes que esto suceda, ella está en Ostende muy enferma nuevamente. Una tarde de enero de 1875 recibe la visita de su Maestro que le entrega el plan de la Doctrina Secreta, el libro que tiene que escribir. Comienza a escribirlo. La condesa que viene de Suecia, y va para Italia, es mandada a buscar por ella porque la estimaba mucho y se sentía muy sola. En el momento en que la condesa está haciendo la valija en Suecia oye una voz que le dice: “Pon ese libro en la valija”. Cuando llega, Madame Blavatsky la está esperando y le dice: “El Maestro me dice que usted me ha traído un libro”. Ella le responde: “No, Blavatsky, yo no le he traído ningún libro. Si yo no he traído nada”. “Sí, me dice que sí, que lo busque en el fondo de la valija. Es el libro que usted se hizo copiar sobre Tarot y Kábala, porque allí hay unos datos que yo necesito para la Doctrina Secreta.” Evidentemente ella fue inmediatamente y en el fondo de la valija estaba el libro.

Cuando ya está trabajando en la Doctrina Secreta, dice: “Vivo de nuevo dos vidas, otra vez. El Maestro encuentra que es muy agotador para mí estar mirando conscientemente la luz astral para escribir mi Doctrina Secreta. De modo que hace ya como quince días que me hace ver todo lo que necesito como en un sueño. Veo largos y grandes rollos de papel, en los cuales hay cosas escritas que luego recuerdo y anoto”.

En ese momento estaba muy enferma. La llevan a Ostende y se pone muy mal. Los médicos no aciertan con lo que tiene pero está terriblemente mal. Casi no caminaba. La condesa en sus memorias escribe: “Con profundo horror comencé a sentir ese débil olor particular de muerto que precede, a veces, a la descomposición. Sufría mucho y estaba muy atormentada. Me pidió que cuidara sus mansucritos y que se los enviara al Coronel Olcott. Se había llamado al notario para que expresara su última voluntad.” La condesa que la vela cae en un sueño profundo y al despertar es ya el amanecer. Está realmente acongojada por haberse dormido y lo primero que hace es mirar al lecho donde Madame Blavatsky estaba, esperando encontrarla muerta. Y se la ve que está sentada y la mira y le dice: “Condesa, venid aquí” . Ella pregunta: “¿Qué ha pasado?”. “El Maestro ha venido y me dio a elegir entre morir y estar libre si yo lo quería, o vivir y acabar la Doctrina Secreta. Me dijo que mis sufrimientos serían grandísimos. Que se abrirá un terrible período para mí en Inglaterra, adonde debo ir. Pero yo he pensado en los alumnos a quienes me será prometido enseñar alguna cosa, y en la Sociedad Teosófica a la que he dado ya la sangre de mi corazón y he aceptado el sacrificio. Ahora ya para que todo esté bien, preparadme un café, dadme algo de comer y alcanzadme mi caja de tabaco”. Se levantó, se vistió y se puso a conversar con todos alegremente. Se esperaba a la gente que tenía que venir a hacer el testamento. Se sentó en un sillón del comedor a esperarlos. Estos creyeron que encontrarían a una moribunda y la encontraron así y no entendían qué sucedía.

El aviso que le hace su Maestro se refería a dicho informe, que la destruye. Dice ella, luego: “Mi corazón se ha endurecido. Nada me importa ya salvo mi deber hacia los Maestros y a la causa teosófica. A ambos ofrezco hasta la última gota de mi sangre y hasta el último latido de mi corazón envenenado y destrozado por la vil y traidora naturaleza del hombre. Lo que me queda de vida, que ya no es muhco, he aprendido a tener paciencia en estos últimos tres años. Mi salud ha mejorado pero en general la he perdido para siempre. Sólo cuando me siento y escribo me encuentro bien. Ni andar ni tenerme de pie puedo arriba de un minuto”. Y en estas condiciones termina la Doctrina Secreta, que se publica en 1878. Demoró tres años en escribirla.

Después de esto, ya sabe que se va, pero todavía nos ofrece “La voz del silencio”, que es la quintaesencia, no tiene parangón. Es el camino iniciático para llegar a la luz. No se ha podido decir en menos palabras más cosas perfectas que las que están dichas en este libro. Esta la escribe y se publica en 1889. Dice allí: “He aquí, tú te has vuelto la luz, te has vuelto el sonido. Tú eres tu Maestro y tu Dios. Tú eres tú mismo, el objeto de tu búsqueda, la continua voz que resuena a través de las eternidades, exenta de cambio, exenta de pecado. Los siete sonidos en uno, la voz del silencio, el retorno al Uno, a la Unidad”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s