La única cosa realmente valiosa es la intuición

Tal como fue (Lobsang Rampa)

T. Lobsang Rampa:

Todos mis libros son fidedignos, y eso lo he sostenido frente a implacables persecuciones y calumnias.

En todas las épocas, empero, la gente sensata e inteligente ha sufrido persecuciones e inclusive ha sido torturada y ejecutada por decir las cosas tal cual eran. Hubo un hombre muy sabio a quien poco faltó para que lo quemaran en la hoguera por atreverse a afirmar que la Tierra giraba alrededor del Sol, en vez de decir —como enseñaban los clérigos— que era el centro de la Creación y todos los astros se movían en torno de ella. El pobre pasó momentos espantosos —como que lo sometieron al tormento del potro y demás— y se salvó de que lo cocinaran porque se retractó.

También, hubo gente, que, por descuido, se puso a levitar en el momento menos favorable, delante de individuos de los menos favorables y con los resultados menos favorables. En consecuencia, la despacharon de diversas e impresionantes maneras por dejar que se supiera que se diferenciaban de la chusma. Algunos, además de pertenecer a “la chusma” son vulgares, especialmente si se trata de periodistas..

A los humanos de la peor ralea —ustedes saben a quiénes me refiero— simplemente les encanta arrastrar a los demás a su mismo nivel, pues no pueden soportar la idea de que haya alguien distinto de ellos; de manera que, como maníacos, se ponen a gritar ” ¡Muera, muera! ” Y, en vez de tratar de probar que a tal individuo le asiste razón, pues. . . siempre tienen que demostrar que está equivocado.

A la prensa, en particular, le gusta lanzarse a la caza del brujo y perseguir a las personas con el fin de causar sensación. Esos disminuidos mentales que son los periodistas carecen de talento para pensar que, “después de todo, algo puede haber en esas cosas”.

Edward Davis, el “polizonte norteamericano de más agallas”, escribió en el True Magazine de enero de 1975: “En general, los medios de comunicación están formados por un hatajo de frustrados autores de obras de imaginación. Dicho de otra manera, el periodismo está colmado de ‘picassianos’ que sacan su caja de pinturas y hacen un retrato que pretende ser el mío, pero que nadie reconoce, excepto el tipo malintencionado“. El señor Davis, bien se ve, no le tiene afecto a la prensa. Ni yo tampoco y ambos tenemos buenas razones para ello. Cierto periodista me dijo: “¿La verdad? La verdad jamás ha hecho que se vendiese un diario. Lo sensacional, si. A nosotros no nos preocupa la verdad: vendemos lo que causa sensación”.

Después de la publicación de El tercer ojo — ¡libro veraz! —, “extrañas criaturas salieron reptando del maderamen” y, con sus plumas impregnadas de veneno, se pusieron a escribir libros y artículos con el fin de atacarme. Quienes blasonaban de “peritos” declararon que aquello era falso, en tanto que sus demás congéneres decían que esto era verdad, pero que aquello era falso. No hubo dos “entendidos” que coincidieran.

Los “investigadores” viajeros se echaron a andar entrevistando a personas que jamás me habían visto y dándose a la tarea de esbozar historias enteramente imaginarias. Tampoco ellos, los “investigadores”, me habían visto nunca: los periodistas, ávidos de sensacionalismo, urdieron “entrevistas” que jamás se habían llevado a cabo y hasta fraguaron una con la señora Rampa y citaron —falsamente, claro está— palabras suyas, según las cuales declaraba que el libro era pura ficción. Ella no dijo tal cosa; jamás lo hizo. Lo que afirmamos, tanto uno como otro, es que todos mis libros son veraces.

Con todo, jamás la prensa, ni la radio, ni los publicistas me han concedido la oportunidad de expresar mi punto de vista sobre el particular. ¡Jamás! Ni se me ha invitado a concurrir a la televisión ni a la radio para decir la verdad.

Como muchos de los que me precedieron, he sido perseguido por ser “distinto” de la mayoría. De este modo el hombre aniquila a quienes podrían prestar un servicio a la Humanidad con sus especiales conocimientos o experiencias particulares. Porque nosotros, los Excepcionales, podríamos, si nos dejaran, hacer retroceder las fronteras del conocimiento y permitir que avanzara el saber humano acerca del hombre.

La prensa me presenta enclenque y peludo, robusto y calvo, alto o bajo, delgado o grueso. Además, según las “fidedignas” informaciones periodísticas, ora soy inglés, ora ruso, un alemán a quien Hitler envió al Tíbet, hindú, etc. ¡Vaya con las “fidedignas” informaciones periodísticas! Nada, nada en absoluto, excepto la Verdad. . . Y esa verdad está en mis libros. Muchos embustes se han dicho acerca de mí. Muchas son las fantasías absurdas que se han urdido, mucho el sufrimiento ocasionado, mucho el dolor… Mas, aquí, en este libro, se halla la Verdad. Y la relato… Tal como fue.

Tal como fue

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