La única cosa realmente valiosa es la intuición

Milagros de la Pachamama

Por Chaska Eugenia Carlos (poeta y narradora de cuentos de origen Quechua).

Queridos amigos, amigas, hermanos y hermanas, que sea fructífero y grandioso este encuentro sobre la sagrada hoja de Coca Mama. Regocijémonos y alegrémonos desde el fondo de nuestros corazones en estos días de encuentro. Hablemos, bailemos, cantemos y brindémonos el mate de coca.

Efectivamente, para las poblaciones de montaña de los Andes la hoja de coca es considerada como la madre sagrada. La compañera inseparable de los quechuas y aymaras. En aquellas lejanas pampas de altura, donde la granizada cae arrasando los cultivos, donde el viento corre levantando polvaredas y donde el sol quema hasta los huesos, ahí en eso lugares inhóspitos, esta presente la coca mama.

¿Donde no se usa la coca mama? Se usa en los rituales, en los bailes y en los encuentros y en las faenas. Se usa en la vida cotidiana. Y sobretodo en el pastoreo. En las altas punas, nosotros los pastores pastamos las llamas y las alpacas mascando la hojita de coca. Ni al viento, ni a la granizada, ni a la lluvia, ni  a la sequia le tememos si en nuestra pequeña bolsa no falta las hojas de coca.

No tengo palabras para expresar toda la significación profunda que tiene la hoja de coca para nosotros los andinos. Lo cierto es que la hojita de coca es parte de nuestra vida. Por ejemplo, cuando se ofrece las hojitas de coca a una persona, se abre la puerta de la amistad, pero una amistad fuerte bien trenzada. Este amigo estará contigo en las malas y en las buenas, pues han sellado una amistad profunda con la hojita de coca. La coquita también nos enseña que debemos saber  perdonar, cuando se nos hemos herido mutuamente. Cuando el amigo, el compañero, la compañera vuelve arrepentido y te ofrece hojitas de coca, es señal de que realmente está arrepentido de haberte herido. Pues, no se puede jugar con la hojita de coca. No es cuestión de mascar por mascar. Tampoco es cuestión de ofrecer por ofrecer. Como ya mencioné, la coquita es la madre sagrada, la madre sabia.

La hojas de coca sabe muy bien el destino de las personas. Si mascas la coquita y sientes que se hace agrio en la boca, es señal de que tus proyectos y aspiraciones saldrán mal. Entonces tendrás que repensarlos. Y si las hojas son dulces, es señal de que estas por un buen camino, tu viaje será exitoso. Y aquel amigo con quien has mascado será un verdadero amigo. Las hojitas dulces son señal de que estás contento contigo mismo, te has encontrado a ti mismo. Estas realizado y la Madre Coca te ha aceptado como hijo y hija. Seguro que le has mascado con mucho cariño con amor. Si es así, ella te cura, te sana, te escucha y te habla.

La coquita no solo sabe el destino, sino también es muy buena para el dolor del estomago. Unas dos tres hojitas de coca basta para calmar los cólicos. Y si tienes dolor de cabeza un emplasto de hojas de coca basta para calmarlo. Y si sufres del mal de amores, también la mama coca te sanará. Y si sufres de tristezas, mientras mascas la coquita sentirás que las tristezas se desvaneces. Por eso, las mujeres de las altas punas saben decirle a la coquita: “kuka k’intucha, tres hojitas sagradas, hojita redonda, tu sola sabes mi vida, mi tristeza, hermanita de la vida nunca me abandones”.

Mismo si te encuentras sola y solo, sin nadie que les diga hija, hijo, no duden en desatar el atadito de coca y verán como las hojitas les van ha hablar y les van ha decir “hija alégrate, estoy contigo, cuéntame tus heridas y yo te curaré con mi hojitas verdes” y mientras masquen las hojitas empezaran a comprender a las montañas, a  los nevados, a las quebradas, a los cóndores y hasta al mismo viento. Por todo eso, los andinos consideramos a la coca como: mamakuka (Madre Coca).

La coquita es la madre socializadora no solo entre las personas sino también con la naturaleza. Cada mañana los andinos agarrando tres hojitas verdes de coca le saludamos a las mañanas nuestros ancestros  y le decimos: “padre montaña su majestad Apu Qurupuna y madre montaña su realeza Apu Sulimana te soplamos las hojas verdes de la coca para brindarnos. Hoy que sea un día de provecho en el pastoreo, no dejes que el puma nos robe las llamitas, sílbanos y avísanos cuando el cóndor aseche a los ganados”.

Debo aclarar que los andinos consideran a las montañas como los abuelos y abuelas, son los ancestros. Desde siempre hemos sabido que nuestro origen son las montañas. Nuestros primeros abuelos y abuelas salieron de ciertas montañas consideras Apus, también de la montaña salieron los vegetales y los animales. Y para conversar con los abuelitos y las abuelitas las montañas Apus, la coca es indispensable. Sin ella no se puede entablar la comunicación. En los rituales se llama a las montañas mascando las hojas de coca y las montañas acuden al llamado de los sabios yachaq para compartir la coquita con sus hijos. Entonces los hijos le pedimos consejos para sanar a tal o cual enfermito, o simplemente a veces para pedirles consejos.

Ahora bien, por el momento, me detengo aquí. Hay mucho que conversar de la coca mama, en el trayecto de estas jornadas iremos intercambiando ideas.

Como mujer quechua de los Andes he intentado compartir con los presentes lo que significa la hoja de coca desde la parte cultural  y espiritual.

Yo, como narradora de cuentos, no podía dejar de lado lo que me es tan natural: el narrar los cuentos. Y por primera vez, voy a narrarles dos historias inéditas del origen de la Coca. Una de origen andino y otra de origen cristiano.

 ORIGEN DE LA COCA MAMA VERSION ANDINA

Esta historia me narró por primera vez la finada de mi abuelita doña Brígida Umiyauri, luego volvió a contarme mi madre doña Lucia Rios Umiyauri. Ambos me contaron en nuestro idioma materno el quechua. Y desde entonces la historia se ha difundido y enriquecido al interior de mi familia y seguramente que ahora también ya ha difundido mas allá de la familia. Pues, los hijos hemos crecido y hemos alzado vuelo por todos lados. Y como toda historia oral, cada vez que se va narrando se va enriqueciendo y agrandando. Y dicha historia que les voy ha narrar del origen de la coca, es una versión mía. Kaymi kay cocamamamanta willakuy.

Se dice que el Padre Sol- inti tayta se había dormido mascando las hojas de coca. Se había dormido agarrando entre sus manos su wayaqa, es decir la bolsita de coca. Entonces, la constelación llamada Llamaq Ñawin– los ojos de la llama, se había despertado y le había robado la bolsa de coca a Intitayta padre sol. Entonces Llamaq Ñawin había descendido a la tierra a beber las aguas de las lagunas acompañado de una manada de llamas de la vía láctea. Y antes de beber el agua de las lagunas se habían puesto a jugar saltando el salto de los gatos, diciendo: thurr thurr. Tras, tras.

Se dice que en esos tiempos antiguos, sus majestades las montañas Apus y nevados caminaban de noche y de día: eran como los humanos. Entonces, su majestad Apu Urqupampa había divisado que la constelación Llamaq Ñawin bebía las aguas de la laguna dejando a un costado su pequeño atadito. Se dice que si llamaq ñawin no bebe el agua de las lagunas el mundo puede inundarse, así terminaría la humanidad. Que por eso la constelación llamaq ñawin baja de la vía láctea acompañado de tropas de llamitas para beber el agua de las lagunas.

Entonces, en ese momento en que llamaq ñawin bebía el agua, el Príncipe, la montaña su majestad, el Apu Urqupampa se le había acercado despacio y le había robado la bolsita de coca. Y como dicha montaña es considera como juguetón y muy bromista. En ese entonces había robado la wayaqa-bolsita de coca de la constelación Llamaq ñawin. Entonces, dicen que el pobre de llamaq ñawin había terminado de beber el agua y cuando había querido agarrar la bolsita de coca, ya no la había encontrado. Las llamitas habían buscado y buscado la bolsita desesperadas, pero como ya estaba por amanecer habían retornado al cielo sin la wayaqa– sin la bolsita de coca.

La montaña el príncipe Apu Urqupampa luego que las llamitas se perdieron en la vía láctea, se había puesto a bailar como las llamitas sacudiendo la bolsita de coca. Cansado de tanto bailar había abierto la bolsita y había mascado las hojas. Cual no seria su impresión cuando se había despertado como de un largo sueño. Y todo su cansancio había desaparecido.

Entonces, sus majestades los Apus las montañas teniendo en su poder la bolsita de coca habían aprendido a construir las mas bellas fortalezas en todo el Ande. Mascando la hojita de coca no habían sentido ni el hambre, ni el frio, ni el cansancio. Así, habían construido maravillas, habían llevado canales de agua de cerro a cerro.  Inclusive he escuchado que a chicotazos hacían caminar las piedras. Ellos construyeron, las fortalezas y templos de la Portada de Sol y de la luna y también edificaron muchas otras ciudades como Machupichhu.

Y fueron ellos, las montañas, nuestros ancestros quienes nos transmitieron su samay- aliento de montaña. Es así, como nosotros aprendimos a mascar las hojitas de coca.

 ORIGEN DE LA COCA MAMA VERSIÓN CRISTIANA

Ahora voy ha narrarles la historia del origen de la madre coca- kukamama con elementos cristianos. Es la historia de cómo la hojita de coca se pareció a la virgen María transmutada en una bella viejita y le ayuda tener un parto sin dolores. Dicha historia esta íntimamente relacionada con el nacimiento de mi abuelito materno Don Melchor Rios  Ninawaman. Esta historia mi abuelito me contó, cuando yo tendría mas o menos mis seis años. No recuerdo cuando me contó pero seguramente que fue mientras solíamos pastar las llamas o quizás cuando solíamos hilar lana de llama en noches de luna llena.

Entonces, dice mi abuelito que aquella noche de su nacimiento, sus padres le habían esperado como al niño Jesús. Habían extendido la mesa del ritual del nacimiento del niño Dios y habían amarrado los burros cerca a la puerta para que calienten con su aliento al recién nacidito.

Cuando de pronto a mi pobre bis abuelita le había cogido dolores de parto. Y como en las altas punas no hay ni médicos ni hospitales, mi bis abuelita había pedido hojitas de coca. Y mientras mascaba las hojitas dicen que conversaba con la coquita diciéndole:

“Coca mama cuéntame tus penas, tus hojas están un poco marchitas, acaso tu también estas enfermita. Hay coquita cuéntame tus penas y yo te contaré las mías. Tú eres mi madre, la que hace olvidar las penas, la que calma el dolor del parto, la que enseñó a la virgencita María- mamacha María a dar el primer  parto, mamita coca ayúdame a mi también”.

Las familias antiguas todavía siguen practicando esta costumbre. Cuando alguien va ha  dar a luz se suele amarrar burros y vaquitas en la puerta de la choza. Y la gente que se reúne alrededor de la que va a dar a luz, sabe conversan y mascar la hojita de coca. Y mientras van mascando la coquita suelen narrar de cómo es que la coquita enseño a las mujeres a dar un parto sin dolores. La historia dice que, cuando nació el niño Dios, la virgen María también había mascado la coquita. Se dice que:

San José ayudó a huir a la Virgencita de sus perseguidores hacia la selva. Entonces dicen que en el camino a la pobrecita le habían cogido los dolores de parto. En aquel tiempo, dicen que la virgencita no sabía a donde llegar, dicen que no había ni una chocita, pues estaban en la mitad del camino, se dirigían a la selva. Pero, como el dolor era cada vez mas intenso, la pobrecita había empezado a preguntar a las plantas con las que se encontraba en el camino para ver cual de ellas podía calmarle el dolor del parto. Fue en ese trayecto que  puso nombre a la mayoría de las plantas que hoy conocemos para sanar tal o cual enfermedad. Y en ese mismo trayecto, al final del camino, cuando ya no podía más con el dolor, se le había presentado la Coca Mama. Dicen que probablemente, cuando la Virgencita estaba por entrar a la selva vio  que ahí mismo estaba sentada una viejecita con pollera verde.  Entonces, la virgencita se le había acercado y le había preguntado por su nombre y ella le había respondido que se llamaba Mama Coca. Desde entonces se le llama Coca Mama a las hojas de dicha planta. Entonces, la Coca Mama le había alcanzado unas hojitas verdes a la Virgen y ella se había puesto a mascar para ver si le calmaba el dolor. Pero, dicen que las hojitas eran muy delgadas y no llenaban su boca. Entonces la virgencita había agarrado las hojitas y muy delicadamente las había alargado hacia sus bordes hasta darles la forma que hoy conocemos. Desde entonces las hojitas son alargadas y redondeadas y pueden llenar la boca. Dicen que antes eran muy pequeñitas y como era tan pequeñitas, dicen que desaparecían en la boca. Entonces la Virgencita alargando y redondeando había mascado la coquita, y mientras mascaba el dolor había desaparecido y había sentido que ya mismo iba a dar a luz. Entonces la virgencita la había bendecido diciendo: “Coca mama desde hoy eres hojita sagrada. Perteneces a la planta calientes. No solo eres santo remedio para el parto sino también para el dolor del corazón”. Y en ese momento dicen que sus penas también habían desaparecido. Por eso la gente de las punas, de los valles, donde sea que no haya lugar a las penas, mascan la coquita para calmar el dolor del corazón. Entonces dicen que la Virgencita mascando la coquita había dado a luz al niño Dios. He sabido que el pobrecito había nacido medio muertito de tanto frio, pero que el burrito le había hecho vivir dándole calor con su aliento.

Entonces, aquella noche en la casa de mis bis abuelitos también habían amarrado el burro y la vaca a la puerta de la casa para que caliente a mi abuelito recién nacido. Y mi abuelita había dado un parto sin dolores y habían cuidado a mi abuelito recién nacido hasta el amanecer. Habían repetido, como aquella noche en que la Virgen María y San José habían cuidado al niño mascando las hojas de coca. Así, nos solía contar mi abuelito de cómo mi bis-abuelita le había traído al mundo sano y fuerte. Y todo gracias a la sabiduría de la Coca mama.

Chaska Eugenia Carlos.

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