La única cosa realmente valiosa es la intuición

Todo cuanto escribí es la verdad (Lobsang Rampa)

Déjeseme repetir que todo cuanto escribí es veraz. Mis pretensiones son justificadas. Un gran número de personas han visto mis papeles, absolutamente auténticos, probando que he sido un alto Lama del Potala, en Lhasa, Tibet, y que poseo el título de doctor en Medicina, graduado en la China. Aunque la gente haya visto dichos documentos, lo «pone en olvido» cuando la prensa anda embrollando alrededor del asunto.

Leed, pues, todos mis libros, bien seguros en vuestro fuero interno de que todo lo que se escribe en ellos es verdad, y lo que pretendo ser, es lo que realmente soy. Leed mis libros y lo veréis.

T. Lobsang Rampa

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El tercer ojo

Tú para siempre

El médico de Lhasa

Mi visita a Agharta

La sabiduría de los antepasados

Mi vida con el lama

Soy tibetano. Uno de los pocos que han llegado a este extraño mundo occidental. La sintaxis y la gramática de este libro dejan mucho que desear, pues jamás recibí una sola lección formal de inglés. Mi “Escuela de inglés” fue un campo japonés de prisioneros, donde aprendí el idioma lo mejor que pude, de las mujeres inglesas y americanas, a las que atendí como médico. Aprendí con muchos trabajos y grandes errores a escribirlo.

Ahora mi amado país está invadido -como se predijo- por las hordas comunistas. Sólo por este motivo he falseado mi nombre y el de mis amigos. Habiendo hecho tanto contra el comunismo, sé que mis amigos en los países comunistas sufrirán sí se descubre mi identidad.

Como he estado en manos comunistas y japonesas, sé por experiencia personal lo que puede hacer la tortura, pero este libro no trata de torturas, sino que se refiere a un país que ama la paz y que ha sido tan mal comprendido y tan mal representado durante tanto tiempo.

Cuando estaba en Inglaterra, escribí El tercer ojo, libro verídico, pero que se ha discutido mucho. Llegaron cartas del mundo entero y, respondiendo a las peticiones, escribí otro libro, El Doctor de Lhasa.

Mis experiencias han superado a lo que la mayoría de la gente ha de padecer, experiencias que sólo hallan paralelo en unos pocos casos de la Historia. Soy un lama tibetano que llegó al mundo occidental prosiguiendo su destino y, llegado a él como ya se ha contado, padeció todas las penalidades predichas. Por desgracia, los occidentales me miraron como a un tipo extraño, como si hubiera que ponerme en una jaula, como una muestra fantástica de lo desconocido. Esto me hizo preguntarme qué les sucedería a mis viejos amigos los yetis, si los occidentales se apoderaban de ellos como efectivamente lo intentaban.

No cabe duda de que el yeti sería matado a tiros, disecado y colocado en algún museo. Incluso entonces seguiría la gente discutiendo y dirían que no existían los yetis (el Abominable Hombre de las Nieves). Me resulta de una extrañeza increíble que los occidentales puedan creer en la televisión, y en los cohetes espaciales capaces de dar una vuelta en torno a la Luna y regresar, y sin embargo, no den crédito a los yetis ni a los «objetos volantes desconocidos», ni a nada que no puedan tocar y hacer pedazos para ver cómo funciona.

UNA LUZ EN LA OSCURIDAD

El débil y vacilante destello de catorce pequeñas candelas se manifiesta en el mundo y entrega a innumerables personas algo de la luz del conocimiento astral.

La luz del sol se desvanece. El fin del día se aproxima rápidamente. A escondidas y a traición, la oscuridad envuelve al mundo cada vez con mayor rapidez.

Pronto la luz de la libertad se extinguirá durante algún tiempo, mientras la humanidad piensa en las oportunidades perdidas y lamenta las advertencias que desatendió.

Pero hasta en la hora más oscura habrá destellos de pequeñas candelas que traerán esperanzas al mundo agobiado.

La hora más oscura precede al amanecer, y no ha llegado todavía.

La tristeza y el desaliento generados por los malos hombres que usurpan el poder se verán disminuidos por el conocimiento de que todo el sufrimiento ha de pasar y la luz del sol brillará una vez más.

Una luz en la oscuridad tal vez ilumine a algunos y lleve esperanza a otros. La luz del sol cede su lugar a la oscuridad, y la oscuridad cede su lugar a la luz del sol; pero, aun en la más profunda oscuridad, una luz puede mostrar el camino.

 

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