La única cosa realmente valiosa es la intuición

La Blanca Hermandad

Fuente: “Magia Crística Azteca”

Mientras haya una lágrima que enjugar, los adeptos que han alcanzado la maestría renuncian a la dicha inefable del Absoluto que ganaron y retornan a la Tierra a servir, a consolar, a ayudar.  Muchos de ellos, como el Divino Jesús, el Cristo, echan sobre sus espaldas el karma de los hombres y voluntariamente aceptan el martirio o aparentemente mueren en las mazmorras de la Inquisición como el Maestro Cagliostro.

La justicia está más allá del bien y del mal. Cuando usted llegue a la luz sabrá lo que es el amor, y cuando sepa lo que es el amor, sabrá amar y comprenderá que amor consciente es ley. No vale hacer el bien sino saberlo hacer.

Karma es ley de compensación, no de venganza. Hay quienes confunden a esta ley cósmica con el determinismo, y aún con el fatalismo, al creer que todo lo que ocurre al hombre en la vida está determinado inexorablemente de antemano. Es verdad que a los actos del hombre los determinan la herencia, la educación y el medio, pero también el hombre tiene libre albedrío y puede modificar sus actos, educar su carácter, formar hábitos superiores, combatir debilidades, fortalecer virtudes.

Los Maestros del Karma son jueces de conciencia que viven en estado de Jinas. Ante ellos, el que tiene con que pagar, paga, y sale bien librado en los negocios. Tenemos que hacer constantemente buenas obras para que tengamos con qué pagar nuestras deudas de ésta y de vidas pasadas. Todos los actos del hombre están regidos por leyes superiores unas, inferiores otras. En el amor se resumen todas las leyes superiores.

El jefe de los sacerdotes del Tribunal del Karma es el gran Maestro Anubis. En ese tribunal solo reina el terror de amor y justicia. En él existe un libro con su debe y haber para cada hombre donde se anotan minuciosamente a diario sus buenas y malas acciones. Las buenas las representan raras monedas que los maestros acumulan en beneficio de los hombres y mujeres que las ejecutan. En ese tribunal también se encuentran abogados defensores,  pero todo se paga, nada se consigue regalado. El que tiene buenas obras paga y sale bien librado en los negocios. Los Maestros del Karma también conceden créditos a quienes los solicitan, pero estos créditos se pagan con trabajos desinteresados e inspirados por amor hacia los que sufren.

La vida es un tablero de ajedrez en el cual cada acto nuestro es una jugada. Si nuestras jugadas son buenas, inteligentes y oportunas, el resultado será el éxito, salud y longevidad. Si, por el contrario, nuestras jugadas son hechas de mala fe, egoístas e inoportunas, el resultado será el fracaso, enfermedad y muerte.

Que nadie se engañe a sí mismo; lo que el hombre sembrare eso cosechará y sus obras lo seguirán.

Al ser llevados los iniciados al santuario secreto de la doble Casa de la Vida para pesar sus corazones, donde son puestos en orden de estaturas alrededor de la Gran Sala de la Verdad, sentados en cuclillas, los esperan el gran sacerdote Anubis y sus 42 jueces  asesores, todos con máscaras en forma de cabezas de chacal o lobo emplumado, emblema de la verdad. Vestido todo de blanco y lleno de terror el iniciado declara:

“Yo no he hecho llorar a nadie, yo no he realizado hechos reprobables, yo no he practicado el mal, yo no he hecho trabajar a los hombres más de lo debido; yo no he hecho temer, yo no he afligido a las viudas, yo no he oprimido a los huérfanos; yo no he hecho que el amo maltrate al criado; yo no he matado;
yo no he robado templos, yo no he robado sus objetos a los cadáveres;
yo no he dormido con mujer ajena; yo no he encarecido los comestibles;
yo no he alterado el fiel de las balanzas; yo no aparté la leche de la boca del niño; yo no he privado a los ganados de sus pastos; yo no he aprisionado a pájaros; yo no detuve el agua cuando debía correr; yo no he apagado la luz cuando debía alumbrar; yo no he puesto obstáculos en el camino de los hombres;
yo no he fornicado. Soy puro, soy puro, soy puro”.

Cuando ofician como jueces, los Maestros del Karma usan la máscara sagrada en forma de cabeza de chacal o lobo emplumado, y con ella se presentan a los iniciados en los mundos internos. Esa es la crueldad de la ley del amor.

Nadie, sino Cristo en el hombre, es el único que puede perdonar pecados. El perdón sólo lo obtiene el pecador cuando hace conciencia del pecado cometido y del propósito inquebrantable de no volver a pecar. Por eso dice Salomón: “Con todo lo que obtengas, obtén comprensión”.  Y la Biblia añade: “Dios no quiere que muera el pecador, Dios quiere que viva para que se arrepienta”.

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