La única cosa realmente valiosa es la intuición

Lo que los dentistas no nos dicen

Amalgamas: Veneno en la boca

Odontología sin mercurio

El mercurio afecta gravemente la salud, es un tóxico muy potente, el segundo más poderoso de todo el planeta.

En las amalgamas de metal que se utilizan para los empastes dentales hay un 50% de mercurio que se va acumulando en nuestro organismo sin posibilidad de eliminación (de no ser que se tomen medidas especiales).

Cada vez que una persona con amalgamas de mercurio en su boca, come, mastica o se cepilla los dientes, va intoxicando su organismo con partículas de mercurio que pueden desencadenar una enfermedad degenerativa, especialmente del sistema nervioso.

Países como Rusia, Suecia o Japón prohibieron hace años el usode las amalgamas de mercurio.

  

MUCHO PEOR QUE UN DOLOR DE MUELAS

Para mover sus piernas Benito necesita oxígeno puro. El origen del mercurio que le intoxica, según tres médicos, son sus viejos empastes dentales. Ahora piden a Sanidad que los prohíba como en Suecia o Japón.

Benito respira aliviado. Sus piernas y sus manos, que hace una hora apenas era capaz de mover con soltura, han vuelto a dar señales de vida. El oxígeno puro consumido en la cámara hiperbárica ha restablecido la movilidad perdida a sus adormecidas extremidades. «Hasta los vértigos son más llevaderos», dice el hombre, más animado, tras salir del cilindro de acero en el que ayer ha estado 60 minutos purificándose.

Benito de Pedro, de 48 años, cinco muelas empastadas (la última, hace 16 años), está intoxicado. Lleva mercurio en sus venas. Y siete largos años luchando a diario contra el agotamiento, casi crónico, la caída del pelo, la irritación de sus encías y los desarreglos digestivos que le obligan a llevar una dieta estricta. «Lo malo», se queja este funcionario de la Sanidad madrileña, «es que nunca llegas a curarte del todo. En cuanto deje de ir a la cámara de oxígeno, pasados unos días, los dolores de cabeza y el entumecimiento de los músculos y de las articulaciones volverán a atormentarme… Maldito veneno».

Tres doctores -dos odontólogos y un médico experto en toxicología- han certificado el origen de los males de Benito. Éste padece, según los galenos, por las amalgamas de mercurio con las que tiempo atrás le empastaron sus dientes. No es el único. A la demanda que él ha interpuesto contra el Ministerio de Sanidad por considerar que es responsable de la intoxicación que padece, seguirán las de otros afectados, supuestamente por el mercurio, como la del profesor universitario Servando Pérez o la que estudia la Asociación El Defensor del Paciente, que ya ha remitido una carta a Sanidad solicitando la retirada de estas amalgamas. «El 90% o más de las personas que yo trato padecen náuseas, vértigos, insomnio o se resienten del hígado a causa de estos empastes», explica la dentista Judith Gelfo, hasta hace dos años miembro de la comisión científica del Colegio de Odontólogos de Madrid.«Lo que no entiendo», apostilla incrédula, «es que pese a la enorme cantidad de trabajos clínicos y experimentales que las relacionan con el origen de numerosas enfermedades, aún hoy no esté prohibido el uso de estas amalgamas».

En España, según cálculos de distintos colegios médicos, alrededor del 80% de la población mayor de 18 años lleva en su dentadura el controvertido metal. ¿Cómo se explica, entonces, que podamos llevar mercurio en la boca sin que apenas nos ocurra nada? La intoxicación es lenta y crónica. «Depende de cada persona, del estado de sus defensas y de su metabolismo. La mayoría de las veces el problema nace de las amalgamas. Incluso puede que el médico no encuentre una explicación a sus males. Con el paso de los años, el cuerpo va absorbiendo el mercurio en pequeñas cantidades pero continuas. Es como una intoxicación silenciosa», explica la doctora Otilia Quireza, experta en Medicina Biológica.

SIN CONSENTIMIENTO

A diferencia de Alemania o EEUU, donde algunos Estados, como California y Colorado, obligan a que los dentistas pidan por escrito el consentimiento antes de aplicar las amalgamas de mercurio, aquí no se tiene por costumbre advertir a los pacientes de los potenciales peligros del tratamiento. «Para qué, si no está probado que las amalgamas son tóxicas. Resulta más dañino para el organismo comer determinados pescados que contienen mercurio». El vicepresidente del Consejo General de Colegios de Odontólogos, doctor Juan Antonio López, va más allá y achaca a «intereses comerciales» (incluso habla de una moda), el aluvión de críticas, dentro y fuera de la profesión, que relacionan este metal pesado con la aparición de alergias, urticarias y otras patologías más o menos graves.

«El motivo de que ahora se estén usando empastes alternativos es por una mera cuestión estética. No hay otra explicación», zanja López. Una opinión que, sin embargo, difiere de la expresada ya en 1998 por el Instituto Federal de Medicamentos de Alemania: «La amalgama contribuye a la contaminación del organismo». Un año antes, el Ministerio de Salud germano instó a retirar las mezclas de plata, mercurio y cobre de cuantas personas lo deseasen e indemnizarlas por los perjuicios causados. Y en Suecia, donde fue prohibida en 1978 (también lo está en Japón y Rusia, mientras en Francia y Canadá ya se recomiendan otros productos), fueron cambiadas por empastes con otros materiales con cargo a la Seguridad Social.

Para Servando, 37 años, profesor de la Universidad de Santiago de Compostela, la estética no cuenta. Quiere librarse cuanto antes de lo que, según su médico, le ha arruinado la salud: los cuatro empastes que le pusieron hace 17 años. El calvario de este hombre -«yo era fuerte como un roble»- empezó a principios de 2000. «Estaba muy decaído y enfermaba por cualquier cosa.Luego me di cuenta de que mi memoria comenzaba a fallar. Era incapaz de recordar hechos recientes. Más tarde llegaron los calambres y los pinchazos de dolor por todo el cuerpo, y la depresión», cuenta Servando Pérez, disgustado y con un evidente temor al futuro. Se refiere no sólo a su profesión de docente -«llevo demasiado tiempo de baja»-, sino también a la relación que mantiene con su novia, familiares y amigos. «No hago más que empeorar.Sé que así no podré aguantar mucho más». En el último análisis que le han hecho en junio de este año la tasa de mercurio en sangre era de 54 microgramos por decilitro, una cantidad que, a juicio de los especialistas, supera varias veces los límites máximos admitidos en personas no expuestas a fuentes de mercurio.Pero Servando sí lo está. Lo lleva en su boca. «El tratamiento de desintoxicación puede durar desde cinco meses a cinco años o más», aclara la doctora Otilia. Un tiempo que José, aquejado del riñón y con dificultades para metabolizar los alimentos, tiene asumido. «Desde que me han retirado las ocho amalgamas estoy algo mejor, pero los médicos me han dicho que pasará mucho tiempo hasta que mi cuerpo se quede limpio». (http://www.saludholistica.com)

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